noviembre 2015

Rugby y fútbol: ¿tanto monta, monta tanto?

17/11/2015|

La celebración de la máxima competición internacional de selecciones nacionales en el rugby y en el fútbol suele ser un terreno abonado a los comentarios y valoraciones comparativas de lo que sucede en dichas disciplinas deportivas. Las similitudes y diferencias aluden, en general, a los aspectos más destacados del desarrollo del juego, el comportamiento de los jugadores y aficiones, así como el rol que juegan los jueces del partido. El cuadro siguiente resume un par de artículos al respecto en donde, además, destaca la importancia de la incorporación de los avances tecnológicos en la toma de decisiones de los árbitros en algunos de los lances decisivos del juego. Las competiciones futbolísticas siguen una reglamentación determinada que favorecen poco el uso de las nuevas tecnologías para ayudar a los árbitros en dichas circunstancias. En el rugby, como en el baloncesto, tenis y otros muchos deportes, la tecnología está al servicio del juez y, en definitiva, de la justicia deportiva. Estas innovaciones no restan apenas un gramo de la intensidad de la competición, del ritmo y dinámica en el desarrollo del juego. Afirmar que “de qué íbamos a charlar el lunes después de un partido de fútbol si no se pudiera discutir acerca del acierto, o no, del árbitro en una jugada decisiva” es hacerle un flaco favor al deporte y al espectáculo. Se suele discutir más sobre estos importantes detalles, que de la estrategia y de la táctica seguida por el técnico.

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Sorprende por otro lado, al habitual seguidor del espectáculo futbolístico, ver en acción a los servicios médicos en cualquier partido de rugby atendiendo a un jugador sin que para ello el árbitro detenga el juego, de la misma forma que difícilmente se observan conductas de simulación de una lesión por parte de un jugador. En un partido de fútbol, es frecuente que el árbitro tenga que decidir si el juego prosigue, o no, mientras uno de los futbolistas simula una lesión. En algunos casos, además, cuando el jugador-simulador percibe que el árbitro no le hace caso y puede intervenir en una jugada en provecho de su equipo, se levanta inmediatamente olvidando automáticamente sus dolencias sin que, y esto es lo más jocoso de la situación, sea sancionado por conducta antideportiva y de invitación al engaño por el colegiado. Al cabo de unos minutos, quizás este mismo jugador recibe una amonestación por retrasar el lanzamiento de una falta o discutirse con un adversario. El reconocimiento de los méritos del adversario, tan inusuales en los estadios de fútbol, resulta un fenómeno habitual en los de rugby, como tuvimos oportunidad de contemplar, por ejemplo, en los lances definitivos del campeonato en el estadio londinense de Twickenham.

Si lo que importa, gran pregunta y duda permanente, son los objetivos finales, la relevancia de la trayectoria temporal de un equipo en cualquier disciplina deportiva, debería primar por encima de los resultados de la jornada. En este sentido, las competiciones en donde el sistema de ascensos y descensos resultan complicadas de entender (con cálculos, por ejemplo, de promedio de los resultados de los últimos ejercicios) no hacen más que añadir presión al resultado más inmediato y, como consecuencia, a dilapidar la tarea de los técnicos a los que les acompañan los buenos resultados en el corto plazo. El sistema de competición persigue aumentar la incertidumbre en el resultado e, indirectamente, la expectación que a su vez genera atractivo para el espectador. En el rugby, a menudo, se afirma que el resultado es esperable y que no abundan los imprevistos. La World Cup 2015 ha ofrecido ciertas sorpresas con las victorias de Japón frente a Sudáfrica y emoción a raudales con marcadores muy ajustados, como el 35-34 de Australia con Escocia.

Las cinco cosas que el fútbol puede aprender del rugby

Las cinco cosas que el rugby puede aprender del fútbol

Aprovechamiento de la tecnología Profesionalismo de la competición
Información transparente Sistema de competición
Respeto a los árbitros El talento además de la fuerza
Pasión por la camiseta Incertidumbre en el resultado
La importancia de la trayectoria Autocrítica
La intensidad del espectáculo Profesionalización en la gestión

Para Búsico “el rugby conserva esta “hidalguía” que no es de su propiedad sino del deporte en general” que lo sintetiza en la dupla “pasión y respeto”. El espectáculo, sin embargo, resulta vibrante y de una intensidad inusitada. “En el fútbol, señala Carlin, uno puede especular más, por ejemplo pasándose la pelota en su propio campo de acá para allá con poco riesgo. En el rugby hay más pausas, es cierto, pero cuando la pelota está en juego cada segundo vale… Los jugadores tendrán pinta de trogloditas, varios de ellos, pero deben estar permanentemente haciendo cálculos que requieren un alto grado de rapidez mental”.

En definitiva, estamos antes dos disciplinas deportivas hasta cierto punto similares pero con rasgos distintivos muy característicos. Los dirigentes de una y otra disciplina deberían hacer un alto en sus respectivos caminos y tratar de inspirarse en las fortalezas de los otros. No con ánimo de exportar ni copiar directamente sino de, muy sutilmente, sacar provecho de las lecciones aprendidas.

Carles Murillo Fort

Director del Máster en Dirección y Gestión de Entidades Deportivas de la UPF  – Barcelona School of Management

 

Notas.

http://mundod.lavoz.com.ar/rugby/cinco-cosas-que-el-rugby-podria-aprender-del-futbol

http://mundod.lavoz.com.ar/futbol/cinco-cosas-que-el-futbol-podria-tomar-del-rugby

Carlin, J. Rugby vs fútbol: http://deportes.elpais.com/deportes/2015/11/01/actualidad/1446397936_213790.html)

http://canchallena.lanacion.com.ar/m1/1840729-los-pumas-estan-ante-el-desafio-de-aprovechar-lecciones-para-el-futuro

Agüero, S. y Pérez-Triviño, J.L.: http://www.futbolyfilosofia.com/#!%C2%BFQu%C3%A9-podr%C3%ADa-aprender-el-f%C3%BAtbol-del-rugby/c210t/55b757b90cf26fc16f3065ff

mayo 2014

El deporte como experiencia

12/05/2014|

Experiencia y emociones

Los individuos experimentan a menudo sensaciones derivadas de la interactividad que generan el conjunto de emociones vividas en el momento del consumo. El valor percibido tiene que ver con la riqueza de estas sensaciones (Pine II y Gilmore, 1991). El consumidor vive dichas sensaciones como únicas, irrepetibles e inolvidables. La experiencia produce recuerdos y un beneficio que es el cambio en la actitud del individuo. En este sentido, el cambio debido a la experiencia constituye uno de los resultados a tener en cuenta ya que la experiencia no deja de ser una actividad y una representación. La experiencia admite, por lo menos, dos dimensiones de interés para la gestión empresarial: la que tiene que ver con el cambio de actitud del consumidor que pasa de tener una postura pasiva a otra cada vez más activa y, en segundo lugar, la interactividad o conexión con el fenómeno que genera dicha experiencia.

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Algunas prácticas deportivas, como ciertas formas de hacer turismo, disfrutar de manifestaciones artísticas y culturales son ejemplos de la denominada economía de la experiencia. Los deportistas, como los turistas y los amantes del arte tratan de encontrar espacios que generen actividades satisfactorias que se traducen en experiencias memorables. De hecho, siguiendo esta corriente de pensamiento se acuña el término “experiencia de compra” para referirse a las emociones que el consumidor obtiene más allá del hecho de adquirir un conjunto de bienes y servicios.

Apple, Blackberry en su día, Hard Rock Cafe, Havaiana y Swatch pusieron en marcha productos que modificaron las sensaciones que los consumidores tenían, respectivamente, de ordenadores, teléfonos, zapatillas o relojes. Para ello, dichos fabricantes introdujeron diseños atrevidos y funcionales, convirtieron productos habituales en otros que se han transformado en artículos de moda y vanguardia. Se crean historias atractivas que invitan a los participantes a intervenir de manera activa.

Valor económico de las experiencias

Dubberly señala que, en los servicios, el valor está en la experiencia y que ésta se identifica con la reputación que a su vez está asociada con la marca de los productos. Otro de los principios básicos del diseño de servicios, según Dubberly, es la importancia de la creación de plataformas en el sentido de sistemas con normas que permiten, luego, su extensión a otros consumidores y en el tiempo. Para Shedroff hay cinco niveles que potencian el valor generado por la experiencia vivencial con el acto de consumo. Se trata del sentido o significado de los hechos; la identidad o estatus relacionado con los valores que se desprenden del fenómeno en cuestión; las emociones que tienen que ver con los estilos de vida; el precio monetario y el precio sombra; y, finalmente, la función o desempeño.

Experiencias deportivas

El deporte, como resulta fácil adivinar, ofrece muchas situaciones en las que se identifican estos niveles. El deportista que frecuentemente compite en carreras atléticas de montaña le encuentra un sentido a esta práctica deportiva que le permite, entre otras cosas, hacer ejercicio en el medio natural y plantearse nuevos retos en cada ocasión; el esfuerzo, la entrega y el sacrificio son algunos de los valores asociados a la actividad realizada que, en tercer lugar, le hace sentirse bien consigo mismo y con todo aquello que le rodea; el precio que ha de pagar por llevarlo a cabo lo percibe como el coste real y, finalmente, la carrera atlética en la montaña la percibe como un ejercicio saludable y respetuoso con el medio ambiente que es lo que, en definitiva, persigue el deportista de nuestro ejemplo.

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La estrategia de los proveedores de los bienes y servicios que generan experiencias suele basarse en la anticipación de las necesidades de los consumidores, tanto los actuales como los potenciales. Si la percepción de la experiencia es que ésta es única e irrepetible, las estrategias para darle más valor deben tener en cuenta este hecho. Los clientes tienes formula sus expectativas en relación con la experiencia que quieren vivir. El proveedor de la actividad se verá en la necesidad de superar las expectativas de sus clientes y no defraudarlos para hacer de la vivencia un hecho memorable. Pero ¿cómo evaluar la calidad de esta experiencia? La opinión del cliente resulta indispensable para seguir ofreciendo nuevos servicios con más valor. El rediseño de nuevos servicios acerca a los oferentes a la situación de al experiencia ideal en el bien entendido que cada cliente vivirá su experiencia de forma distinta obligando, con ello, a diseñar situaciones diferentes para segmentos de clientes distintos.

Carles Murillo
Co-Director del Máster en Dirección y Gestión del Deporte de la Barcelona School of Management

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